Tres calas en los reyes calderonianos

Brewer, B., «Las matemáticas sutiles o los límites del saber en La vida es sueño», Bulletin of Spanish Studies, 88.4, 2011, pp. 487-522.

Enmarcado en la evolución sobre la cambiante percepción de la naturaleza del universo y las disputas sobre la legitimidad de la físicamatemática para describirla, Brewer propone una lectura de La vida es sueño. Desde esta perspectiva, el desengaño final del rey Basilio (astrólogo y matemático) demuestra la insuficiencia de esta ciencia pretendidamente empírica para interpretar los signos; no concibe los límites de este saber ni contempla la importancia del libre albedrío, y la evolución de Segismundo puede leerse como «un reproche de la metodología científica de Basilio» (p. 515).

García-Bryce, A., «The Prince and the Pauper: Embodying Royalty in Calderonian Drama», Bulletin of Hispanic Studies, 88.5, 2011, pp. 499-520.

Tras un breve comentario sobre las relaciones entre política y religión, y el contexto del momento, García-Bryce se interesa por la imagen que se transmite del rey. Por un lado, el primer modelo se encuentra en El médico de su honra y La vida es sueño: el rey Pedro I y Segismundo son unos gobernantes de carácter esencialmente secular, guiados por la prudencia y el control de las pasiones, y cuyas acciones (el juicio de don Gutierre y el castigo del soldado rebelde) se orientan a mantener el «proceso civilizador» y preservar el orden social. Por otro, don Fernando en El príncipe constante representa la encarnación de la misión mesiánica del monarca, y su alarde de la virtud de la constantia invierte la ética de la prudencia cortesana, en lo que parece ser una resistencia al pragmatismo emergente situada en el marco del antimaquiavelismo.

Gómez, J. M., «Fortune and Responsability in Calderón’s La gran Cenobia», Hispania, 94.1, 2011, pp. 63-73.

Este trabajo se centra en dos temas interrelacionados. Por un lado, estudia el tema de la fortuna en La gran Cenobia –que dota de unidad a la pieza–, y trata de hacer ver que Calderón niega la existencia de esta fuerza externa, ya que la responsabilidad de las acciones recae en los personajes en su doble faceta de individuos y gobernantes. Por otro, analiza la presentación del trío principal: el tiránico Aureliano y la pareja formada por Cenobia y Decio, cuyas cualidades positivas sin embargo no bastan para considerarlos modelos de conducta.

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