Calderón para todos: historia y texto, escena y actor

González Puche, A., «La experiencia como director frente a varios autores del teatro áureo, entre ellos Miguel de Cervantes», en «Pedro de Urdemalas», la aventura experimental del teatro cervantino, Vigo, Academia del Hispanismo, 2012, pp. 155-167.
El autor pasa revista a su experiencia como director dramático, currículum en que se cuenta el espectáculo «Hombre pobre todo es trazas y varios entremeses» que montó en Chile, El astrólogo fingido para un público chino y El gran teatro del mundo que representó en Colombia y su proyecto de La vida es sueño para Rusia.

Rodríguez Cuadros, E., «Deconstruyendo a Dios: Calderón, el actor y el teatro sagrado de los autos», en El libro vivo que es el teatro. Canon, actor y palabra en el Siglo de Oro, Madrid, Cátedra, 2012, pp. 91-141.
Este capítulo es una reformulación del trabajo publicado en La rueda de la fortuna. Estudios sobre el teatro de Calderón (ed. J. M. Escudero y M.ª C. Pinillos, Kassel, Reichenberger, 2000, pp. 61-123). Rodríguez Cuadros analiza, gracias a la documentación conservada, la técnica del actor barroco, desde las condiciones de trabajo, el vestuario o el atrezzo. Pero más allá, aborda el modo en que el actor debía afrontar la representación de los autos: si desde una «asepsia arqueológica» resulta «un género francamente antimoderno» y el actor un mero transmisor sin llegar a la categoría de intérprete, desde una perspectiva deconstruccionista, «entendida como método de reflexión intelectual», se convierte en «un apasionante artefacto teatral» (p. 101).

Rueda, A. M., «Albrecht von Wallenstein según Calderón y Coello: verdad y poesía en El prodigio de Alemania (1634)», Bulletin of the Comediantes, 64.1, pp. 89-110.
Una de las cuatro obras dedicadas a la figura de Wallenstein es El prodigio de Alemania, escrita a dúo por Calderón y Coello. Rueda analiza la trama principal en relación con la verdad histórica para interpretar los cambios realizados por los dramaturgos en el contexto del «uso oficial de la propaganda dentro del teatro español» (p. 90). El repaso del panorama crítico y de las comedias dedicadas a Wallenstein deja paso al análisis del proceso de «reinterpretación histórica» de los sucesos entre 1632 y 1634 (p. 90) llevado a cabo en el retrato de las acciones de un personaje ambiguo.

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