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Autoridad y poder

Tres trabajos colectivos han acogido diversos estudios sobre Calderón de la Barca, sobre aspectos tan dispares, problemáticos o sorprendentes como la figura de la madre y su función en el teatro calderoniano, la poética de los insultos en el auto sacramental y el disfraz de mujer en Las manos blancas no ofenden. Un poco de todo…

Caamaño Rojo, M.ª, «Pseudoausencia y pseudopresencia de la madre en Calderón», en La madre en el teatro clásico español. Personaje y referencia, coord. L. García Lorenzo, Madrid, Fundamentos, 2012, pp. 119-146.
De nuevo a vueltas con la figura de la madre en el teatro de Calderón, Caamaño Rojo atiende a las madres calderonianas, ajenas al universo bíblico o mitológico, y se fija tanto en las presencias efectivas y relevantes sobre las tablas como a sus ausencias, que también pueden resultar determinantes para el curso de la acción. De este modo, establece una útil tipología que comprende madres muertas, madres ausentes y determinantes como motor de la trama, madres aparentes o falsas madres y madres reales con efectiva presencia escénica (p. 120). El detenido examen de estos casos permite a Caamaño concluir que Calderón se muestra reacio «a exponer sobre el tablado a la madre en todo su esplendor» (p. 143). Asimismo, el dramaturgo limita la presencia escénica de la madre al ámbito de las fiestas mitológicas, y ya en comedias más cercanas al hic et nunc del público se decanta por presentar al personaje de modo reducido, cuando se ve obligado a ello y sin explotar sus potencialidades dramáticas (pseudopresencia); por el contrario, cuando no se trata de una inclusión forzada, «le otorga relevancia como personaje aludido con un papel determinante como germen de la trama (pseudoausencia)» (p. 144).

El Bosco, "El jardín de las delicias" (detalle)

El Bosco, “El jardín de las delicias” (detalle)

Duarte, J. E., «Improperios en los autos sacramentales», en Los poderes de la palabra: el improperio en la cultura hispánica del Siglo de Oro, ed. C. Pérez-Salazar, C. Tabernero y J. M. Usunáriz, 2012a, pp. 103-121.
Un tema esencial del auto sacramental de Calderón es la batalla entre contrarios, un marco en el que Duarte analiza los improperios y descalificaciones entre bandos enfrentados: aborda así los insultos dirigidos al demonio y sus distintas manifestaciones (Culpa, pecados, Judaísmo…), el lenguaje de los villanos y las burlas o acciones de mofa («dar vayas») destinadas a atacar o ridiculizar a algún personaje. Cada uno de estas formas de improperio posee su propia función: mostrar la verdad teológica, transmitir humor y la crítica de ciertas actitudes.

Fernández Mosquera, S., «Travestismo cruzado. El doble disfraz en Las manos blancas no ofenden, de Calderón», en Travestir au Siècle d’Or et aux XXe-XXIe siècles: regards transgénériques et transhistoriques, ed. N. Dartai-Maranzana y E. Marigno, Saint-Étienne, Université de Saint-Étienne, 2012, pp. 67-83.
Tras un excelente repaso de la problemática que plantea el disfraz masculino en la comedia (la especialización de actrices en la representación de papeles masculinos, la cuestión de la censura y el decoro moral, amén de indagaciones sobre la actitud del dramaturgo con respecto a la mujer y peligrosos acercamientos a cuestiones de género, estudios queer, etc.), Fernández Mosquera estudia la reducida presencia del disfraz del hombre vestido de mujer en la comedia con el ejemplo de Las manos blancas no ofenden de Calderón, una escasez que en parte se debe «a los condicionamientos sociales que dificultaban el travestismo femenino en contextos no carnavalescos» (p. 71). En esta comedia destaca el tratamiento que el poeta dispensa a los «disfraces cruzados», esto es, a la diferente presentación del disfraz masculino de Lisarda, considerado como natural, frente a la cuidada atención prestada al disfraz femenino de César, para el que se muestran una serie de prudentes prevenciones (p. 74).

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Bajo la supervisión de Antonio Apolinário Lourenço y Jesús M. Usunáriz ha salido a la luz el volumen Poderes y autoridades en el Siglo de Oro, que recoge algunas aportaciones dentro del proyecto «Autoridad y poder» del GRISO-Universidad de Navarra. En este marco tan propicio no falta, desde luego, una cierta atención a Calderón.

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Apolinário Lourenço, A., «El alcalde de Zalamea en el contexto político peninsular», en Poderes y autoridades en el Siglo de Oro: realidad y representación, ed. A. Apolinário Lourenço y J. M. Usunáriz, Pamplona, Eunsa, 2012, pp. 89-101.
La comparación entre las versiones de El alcalde de Zalamea de Lope (de dudosa atribución) y Calderón ofrece para Apolinário Lourenço una serie de puntos en común (dramatis persoane, trama, etc.) pero un propósito inicial diferente y un resultado más verosímil o natural en Lope que en Calderón, donde el producto final es más logrado y, del mismo modo, «esquematizado y extremado» (p. 94). En otro orden de cosas, estudia la posible relacion entre Álvaro de Ataide, quien no por casualidad tiene apellido portugués, con el contexto de redacción de la comedia calderoniana, ya que «recuerda el apoyo concedido por la alta aristocracia portuguesa a la candidatura de este rey de la Casa de Austria al trono de Portugal» (p. 98).

 López Pielow, F., «Función y significado de una determinada simbología “barroca” del poder en la obra de Calderón», en Poderes y autoridades en el Siglo de Oro: realidad y representación, ed. A. Apolinário Lourenço y J. M. Usunáriz, Pamplona, Eunsa, 2012, pp. 221-230.
El estudio de López Pielow se centra en los medios estéticos empleados por Calderón: según ella, en su obra «se produce una divinización del concepto verbal» y «las cosas se animan y se divinizan» en forma de alegorías, emblemas y símbolos (p. 221). Anclada en las teorías de Benjamin, desarrolla su análisis en Eco y Narciso, El mayor monstruo del mundo y Los cabellos de Absalón, haciendo hincapié en la imbricación de ideas en el texto y la construcción del lenguaje poético.